Presunción de culpabilidad y principio de impunidad.

Por Fernando Hernández.

Área de Comunicación de ASILEGAL.

Ilustración: Marduk Chimalli.
Ilustración: Marduk Chimalli.

En el Metro, en un autobús, en escuelas o simplemente al caminar en la vía pública he sido víctima de revisiones de “rutina”. En la decena de casos que ahora recuerdo mi “actitud sospechosa” ha llamado la atención, según dijeron los elementos de las distintas corporaciones que han tenido a bien revisarme los bolsillos (1). Como ya se ha abordado en este mismo espacio por mi colega Manuel Cervera, la presunción de inocencia, es una gran ausente en la práctica pero también en la legislación mexicana.

Por el contrario, la presunción de culpabilidad, parece ser un principio que rige a los cuerpos policiacos en México. La juventud tatuada, greñuda, con mochila o con algún comportamiento subjetivamente sospechoso es susceptible de una detención. Claro que la legislación no es tan sincera, sino que el Código Nacional de Procedimientos Penales (CNPP) en su Artículo 267 dice:

La inspección es un acto de investigación sobre el estado que guardan lugares, objetos, instrumentos o productos del delito. Será materia de la inspección todo aquello que pueda ser directamente apreciado por los sentidos. Si se considera necesario, la Policía se hará asistir de peritos. Al practicarse una inspección podrá entrevistarse a las personas que se encuentren presentes en el lugar de la inspección que puedan proporcionar algún dato útil para el esclarecimiento de los hechos. Toda inspección deberá constar en un registro.

Dicha revisión no está sujeta a control judicial a menos que forme parte de una investigación. Pero por supuesto que a partir de dicha revisión subjetiva se puede iniciar el procedimiento. El Artículo 268 del CNPP consigna que la Inspección de personas podrá realizarse en caso de “flagrancia, o cuando existan indicios de que oculta entre sus ropas o que lleva adheridos a su cuerpo instrumentos, objetos o productos relacionados con el hecho considerado como delito que se investiga”. Un comodín pues, que juega en contra de la presunción de inocencia en un país donde la policía no investiga, sino que es proclive a beneficiarse de filtraciones, denuncias anónimas, testigos clave, confesiones auto inculpatorias y por supuesto, revisiones de rutina al detectar elementos sospechosos.

Un par de ejemplos: Hace poco más de dos años el estudiante de excelencia (2) Marduk Chimalli fue detenido en la Delegación Azcapotzalco por elementos de la policía capitalina quienes argumentaron que coincidía con la descripción física de una persona que acababa de asaltar a una pareja. Marduk no corrió ni opuso resistencia a la revisión, tampoco traía objetos relacionados con delito alguno. No traía objetos en absoluto, pues solamente había acompañado a su hermana a tomar el camión y sus bolsillos estaban más vacíos que la lista de funcionarios públicos sancionados por cometer fraude electoral. Sin permitirle ni siquiera avisar a sus familiares, el también dibujante (3) y maestro de Tae Kwon Do fue consignado por el delito de robo y en breve trasladado al Reclusorio Norte.

Ilustración: Marduk Chimalli.

Platiqué con Marduk a dos años de este atropello y me repitió lo que ha declarado en otras ocasiones. Desde los policías que lo detuvieron, pasando por su abogado de oficio y hasta la trabajadora social, le recomendaban declararse culpable “para que se resolviera más pronto el asunto”. Convencido de su inocencia, no aceptó ser parte de la cadena de corrupción del aparato de justicia del Distrito Federal. Tras poco más de 3 meses de una lucha jurídica, mediática y social emprendida por la familia de Marduk, el joven fue liberado. La larga lista de irregularidades en el proceso, pero sobre todo, la exposición pública que tuvo el caso hizo imposible que las autoridades capitalinas lo mantuvieran en prisión.

Marduk salió del Reclusorio Norte y en su boleta de liberación se consigna que fue por (sic) “Flata de pruebas”. El error de dedo (espero) fue un colofón hasta humorístico. A los policías que le detuvieron arbitrariamente y a la larga cadena de funcionarios públicos que permitieron el atropello no se les ha sancionado.

Marduk obtuvo la libertad, pero su caso en realidad es la excepción. Jóvenes como Ricardo Román Lumbreras no han corrido con tan buena fortuna. Ricardo fue detenido el 11 de diciembre de 2014 en la colonia Roma luego de que reclamara a elementos de la Policía Bancaria e Industrial que no golpearan a otro muchacho. Los Pebeís soltaron al primer agraviado, pero para irse en contra de Ricardo. Activista, artista multidisciplinario y estudiante universitario, Ricardo Lumbreras les dijo que los denunciaría por abuso de autoridad. Lejos de amedrentarles, los vigilantes privados lo golpearon más y le dijeron “por creerte muy chingón, ahora te la vamos a meter más feo”.

Ricardo fue entregado a elementos de la policía capitalina y acusado de robo de auto partes. Todo mundo le ha recomendado declararse culpable para que “salga más pronto”. Tras 4 audiencias fallidas, aún permanece en el Reclusorio Oriente en espera de que quienes lo acusan aporten pruebas del supuesto robo.

Casos como los anteriores muestran el vigor de la presunción de culpabilidad en nuestro sistema de justicia. Por otro lado, los casos en los que funcionarios públicos cometen delitos, son tratados con muchísima más cautela. El ostentoso enriquecimiento ilícito no es una “conducta sospechosa” que amerite revisión, tampoco la compra de autos lujosos o viajes como los que disfruta la descendencia de Romero Deschamps. Para ellos y ellas, lo que rige es el principio de impunidad.

Un traje caro puede ser indicio de la comisión de un delito.
Ojo: Un traje caro también puede ser indicio de la comisión de un delito.

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1- Nunca me encontraron nada ilícito.

2- Y aunque no fuera de excelencia, no merecía ni de lejos el tormento institucional por el que atravesó.

3- Pueden ver algunas de sus ilustraciones aquí http://geazazil.wix.com/marduk-chimalli

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