“¡Pinche Agachón!” y Otras Formas de Satanizar al Oprimido

Por David Ledesma Feregrino

Redacción de ASILEGAL / @dave_lefer

La crisis de Derechos Humanos por la que atraviesa el país es de una gravedad tal que ya no se puede esconder detrás de la telenovela de las nueve. A raíz de la desaparición de los 43 normalistas de la Normal Rural de Ayotzinapa, han sido muchas las protestas y manifestaciones de indignación. Sin embargo, también han sido muchos los silencios y los gritos que intentan demeritar las acciones reivindicativas. “Al final no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos” decía Martin Luther King. Pero, ante este panorama, yo me pregunto: ¿Nuestras/os amigas/os callan porque quieren o porque algo más les impide hablar?

Vivimos en un contexto en el que todas/os hemos sido más o menos afectados por la violencia y todas/os también la hemos validado aunque sea un poco. ¿Alguna/o de nosotros tiene la autoridad moral para emitir juicios de valor sobre la acción o la inacción de la gente? ¿El Padre Solalinde? Probablemente (y él no lo está haciendo). No creo que satanizar la inacción aporte demasiado a nuestra situación social. Además hay que recordar que la protesta no es la única acción social disponible.

Si se quiere que una persona adquiera consciencia sobre la importancia del momento, se me ocurre que no es muy adecuado atacarle o llamarle ‘ciega’ por no percibir los problemas que nos laceran (o por no percibirlos como nosotras/os lo hacemos). Encontraríamos más efecto en una posición empática, que construya desde una visión horizontal.

Hace falta sensibilidad para percibir que la gente está cansada y que su impavidez no necesariamente le hace aliada de los culpables de la violencia. Quizás no tienen otra opción más que quedarse quietas/os. La gente tiene miedo y no la culpo, yo también lo siento. Tenemos miedo de ser reprimidas/os como muchos grupos que (en el ejercicio de sus derechos) han protestado y han acabado peor que al inicio. Se siente el miedo de generar más de la misma violencia que no nos ha llevado a ningún lado y que sí nos ha dejado con alrededor de 24,500 desaparecidos. No me parece un miedo irracional y sí lo pienso bien fundado.

Mucha de la gente que no quiere ni pararse en una protesta toma su decisión con base en décadas presenciando manifestaciones que siempre terminan en la nada. Hay generaciones que llevan la vida viendo protestas ir y venir sin aparente resultado. Por supuesto que esta imagen se la debemos a los medios hegemónicos, que hacen parecer la protesta tan insignificante. Claro que hay resultados, pero el discurso mediático les dice que no.

Fotografía: Jorge Meza
Fotografía: Jorge Meza

La gente también tiene miedos más complejos. Temen, por ejemplo, asumir el peso de tomar una decisión política; proteger una causa y no saber si podrán llevarla hasta el final: y, sobre todo, salir de la rutina. Como lo dijo Cortázar, el ser humano es “el animal que se acostumbra hasta a no estar acostumbrado”. Tenemos miedo de dejar la rutina y nuestra vida (mal que bien construida) porque hemos encontrado seguridad en nuestra inseguridad.

No es fácil retar nuestra forma de pensar y replantearnos todas las ideas sobre las que hemos construido nuestros pasos. “Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la que han sido construidos, perecen ellos también”, diría Kundera. Así podría desaparecer la opresión de nuestro país, pero hay muchas/os que temen que en el camino perezca también todo lo que creen y en lo que confían (aunque hablemos de nuestras podridísimas instituciones).

La inacción no sólo está provocada por el miedo, también la alimenta el desconocimiento. La verdad es que ante la situación de violencia que estamos viviendo en el país es difícil pensar en propuestas que luzcan viables y que ofrezcan soluciones (aún a largo plazo). Algunas/os creen que va a cambiar al país trabajando en un banco y siendo explotadas/os con la misma fe con la que otras/os creemos que vamos a cambiar el mundo con activismo de cualquier tipo. Fuimos educadas/os dentro de un sistema que nos dice que la única forma de progresar es mediante el trabajo arduo e indigno. Un sistema que se impuso mediante discursos políticos, religiosos y educativos que no se pueden cortar tan fácil y de tajo.

Finalmente, creo que la educación juega un papel crucial. Con ello no quiero decir que necesitemos tener un post-doctorado para asumirnos como seres políticos. Quiero decir que hemos recibido una educación (primaria, universitaria, la que sea) profundamente sesgada. Somos el resultado de una cadena de negaciones de Derechos Humanos que nos impide actuar de manera libre. Estamos llenos de temor y de miseria porque nuestros derechos no han sido respetados. No imaginamos un mundo sin opresión porque se nos formó para besar el tacón de la bota que nos patea.

Nuestra educación fue usada como un instrumento para ponernos al servicio de los controladores del dinero. ¿Podemos realmente culparnos entre nosotras/os? Yo creo que podemos a lo mucho intentar compartir la información y provocar la reflexión. De nada sirve repartir culpas y nadie tiene la autoridad para hacerlo. Hay que ser sensibles y empáticos con la desinformación. Verle como resultado de una negación de Derechos Humanos.

Hay que combatir la inacción con sensibilidad.

David Ledesma Feregrino se dedica a la defensa y a la promoción de los Derechos Humanos. Es Coordinador del Área de Juventud y Diversidad Sexual de ASILEGAL. Estudia Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Es colaborador de la revista digital La Hoja de Arena. Le dicen la malquerida.
David Ledesma Feregrino se dedica a la defensa y a la promoción de los Derechos Humanos. Es Coordinador del Área de Juventud y Diversidad Sexual de ASILEGAL. Estudia Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Es colaborador de la revista digital La Hoja de Arena. Le dicen la malquerida.
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Acerca de asilegal

Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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