Lo malo no es tan malo. Consideraciones sobre la otredad

Por Luis Fernando Vélez

(Redacción de ASILEGAL)

Una de las primeras lecciones que toda persona que se dedique a estudiar, teorizar o trabajar en algún tema que involucre a la naturaleza humana y a la interacción entre los humanos, es el de la consideración del otro (o de la otra).

Estar dispuesto/a a considerar a la otredad independientemente de nuestros propios valores, intereses y sistemas de creencias en la única forma de alcanzar la justicia. Y no estoy hablando hoy de la justicia jurídica, aunque estén estrechamente relacionadas. Estoy hablando de una justicia mucho más elemental: la justificación del otro. Si no consideramos a la otredad, nunca entenderemos sus motivos. Si no entendemos sus motivos, no podremos estar dispuestos a mejorar nuestra relación con ellos/as. En suma, para que haya una relación armónica entre los individuos, no basta con querer actuar de buena fe, sino que es necesario hacer el esfuerzo por comprender los motivos, los esquemas y los intereses del otro.

Con esto no quiero decir que hay que dejar que el otro, cuando está amenazando mi integridad y dignidad humana, lo siga haciendo constantemente. Es preciso poner un alto al otro, es verdad. No es posible una armonía plena cuando existen grupos oprimidos temerosos de reclamar sus derechos por temor al otro. Sin embargo, una vez que hemos puesto un alto al otro, cabe hacer al menos dos cosas: (a) o bien nos alejamos del otro por cualquier motivo que podamos encontrar (seguimos temerosos de que nos haga algo, sentimos ya no cabe seguir considerando al otro de alguna manera, etc.); (b) o bien intentamos comprender por qué el otro actúa como lo hace y, en la medida de lo posible, o intentamos ayudarlo o dejamos que de regenere para que en un futuro se reintegre a nuestro círculo social.

Foto: ASILEGAL
Foto: ASILEGAL

Me parece que la mejor perspectiva es la (b), siempre que el otro logre reintegrarse. Si esto no pasa y volvemos a caer en lo mismo podemos entrar en un bucle eterno de violencia. Sin embargo, parece que la mayoría de las personas prefieren no optar por (b) y se aferran a hacer (a). Es comprensible el por qué lo hacen: es mucho más fácil alejarse de alguien que ha hecho daño sin darle una oportunidad de redimirse. También es mucho más fácil, en el mismo sentido, apelar a la clásica oposición bueno-malo, en donde pensamos a la otredad (y más una otredad que nos ha hecho daño) como el polo auténticamente malo.

Sin embargo, he aquí el por qué considero que hacer (a) como primera opción no es la solución: En primera, no es nada sustentable hacer esto, pues todas las personas nos hacen daño (consciente o inconscientemente) alguna vez. En segunda, abre una barrera entre lo que nosotros somos y los demás, y con ello ni nos percatamos de nuestros propios errores (por lo que se elimina nuestra posibilidad de autocrítica), ni salimos de nuestro egoísmo-narcisista (pensamos que los únicos que merecer equivocarse somos nosotros y exigimos demasiado a los demás).

El optar por alejarnos de aquellos que alguna vez nos hacen daño sin mirar otras posibilidades, dejándonos llevar por nuestros sentimientos y prejuicios forjados acerca las otras personas, es una de las cosas que ocasionan disarmonía en la sociedad. La sociedad vive con odios, rencores, ideas de venganzas, y por ello, muchas frustraciones.

Si esta actitud no funciona, ¿qué vamos a hacer con todo aquellos que nos han hecho daño? ¿Eliminarlos, recluirlos, marginarlos, sentenciarlos? Eso solo trae más violencia, más injusticia y más disarmonía. No podemos tratar así a la otredad. Los malos no son tan malos: tienen una historia, una conciencia, sus propios problemas y sentimientos. Para ser concisos: los “malos” también son personas. No son el mal encarnado ni tampoco tienen que seguir dañando sólo porque lo han hecho en el pasado. Son personas: cometen errores, conscientemente o no. Una persona que no puede ver esto, que no puede ver la humanidad en cada ser humano y, con ello, aprender a perdonar, no puede ser ni un buen ciudadano, ni un buen defensor de los derechos humanos. Simplemente porque no sabe cómo considerar a las personas en tanto lo que son: falibles y potencialmente peligrosas para otras.

Quizás si aprendiéramos a considerar mucho mejor a las personas, problemas acerca de las puniciones, las infracciones a los derechos humanos y la rehabilitación o la integración social de los infractores serían mucho más claras y fáciles de analizar. Mientras tanto, lo único que nos corresponde es poner esta reflexión sobre la mesa.

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía
Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía
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Acerca de asilegal

Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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