Después de la trata: Seguimos caminando

Por Rocío Martínez Ortínez

(Redacción de ASILEGAL)

La trata de personas es considerada una forma de esclavitud y uno de los crímenes más graves en contra de los Derechos Humanos de las personas. En México, la trata se manifiesta bajo diversas modalidades, tanto nacional como internacionalmente.

Existe una relación estrecha entre la trata de personas y la migración: México es un país de origen, tránsito, destino y retorno de personas migrante. Ellas y ellos son más propensas/os al delito de la trata, especialmente de mujeres, adolescentes, niñas y niños, quienes son sometidos a severas formas de abusos y explotación.

Hace unos días conocí a una mujer que ha sido víctima de trata. Actualmente se encuentra en libertad y bajo el cobijo de un refugio dirigido por una organización de la sociedad civil. A continuación reproduzco una entrevista que tuve con ella, a quien en adelante llamaré Luisa.

Rocío Martínez: ¿Cómo paso?

Luisa: Yo soy de Honduras. Unos años atrás conocí a un muchacho. Yo sentía que él era el mejor del mundo. Siempre me daba detalles y me respetaba. Un día me dijo que quería casarse conmigo, pero quería que saliéramos de la pobreza. Vengo de una familia, pues… pobrecita. Yo le decía que a dónde me llevaría; ya que mi mamá no me daría el permiso de irme a otro lado. Él se gano a mi familia. Siempre demostró otra cara, hasta que me convenció de irme con él a buscar trabajo en cualquier lugar pero fuera de Honduras. Que la vida era mejor y siempre tendríamos dinero y que nos casaríamos allá y hasta tendríamos dinero para mis papas. Yo de mensa le creí y me fui. Ya sabe la ignorancia de uno.

RM: ¿Y tu familia?

L: Mi familia me lloro. Recuerdo a mi mamá diciéndome que no me fuera. Que pues aquí éramos pobrecitos pero ahí la llevábamos porque mi papá ya se había ido. Mi papá murió hace 6 años. Yo de terca y necia me aferré y me fui en ese momento con el amor de mi vida. De haber sabido lo que me esperaba mejor me hubiera quedado.

RM: ¿Cómo fue tu trayecto?

L: Recuerdo que salimos a las 10 de la noche, pero él nunca me había dicho que iríamos con más amigos. Yo nunca conocí a sus amistades a detalle. Éramos solo dos mujeres, mí amiga y yo, la cual pues ya le había comentado que me iría con mi novio a trabajar a otro lugar fuera de Honduras. Ella necesitaba trabajo porque no tenían dinero. Ella me dice que si se avienta a irse, pero no avisa en su casa.

A la hora de comenzar el viaje, un viaje que nunca debimos tomar, el viaje fue diferente; no fue en el tren que todos vemos y sabemos, fue en un carro con gente extraña. Él comenzaba a decirme que para tener dinero teníamos que arriesgarnos a distintas cosas y sobre todo para protegernos. Yo le decía “no te entiendo nada”. Él menciono “tú no te preocupes todo es normal”. Yo le preguntaba “¿quién son ellos? ¿por qué vienen con nosotros?”. Él solo decía “tú no te preocupes nuestras vidas cambiarán”. Y pues, comienza todo.

Ese que tanto decía amar y que se gano a mi familia, sólo me lastimó. Me vendió con varios hombres para ganarnos la vida, ese era su dicho.

Fotografía: Jorge Meza
Fotografía: Jorge Meza

RM:¿A dónde te llevaron?

L: Comencé en un bar que olía muy feo. Él me amenazó que si no colaboraba con todos, pues que conocía a mi familia y los lastimaría. Que era mejor llevar todo bien y con tranquilidad y así los dos ganábamos dinero y pues le podía mandar a mi familia. Cosa que nunca hice. Siempre pedí llamarle a mi mamá, pero nunca pude. Siempre había clientes que atender y el dinero él lo administraba.

Pasé por varios lugares, donde mi voz no valía nada, sólo era la mujer que tenía que acostarse con hombres que pagaban por mí y dinero nunca vi. Todo era así hasta que llegué a la Ciudad de México sin papeles ni nada. Pues ya era del D.F. donde mi llamado padrote me dejó y ahora ya pertenecía a otra persona, que no hacia la diferencia al otro. Eran igual de malditos.

RM: Tu amiga, ¿qué paso con ella?

L: Mi amiga, a ella se la llevaron a otro lado los esos amigos que iban con nosotros desde el principio. Según sólo nos separaron del carro para ir más cómodas. Siempre le pregunté a ese que demostraba un amor falso y siempre me decía que ella ya estaba trabajando y que era mejor que me concentrara en lo nuestro y seguir ganando dinero para la familia.

A ella me la encontré llegando a la Ciudad de México. Mi nuevo padrote era el muchacho que desde el principio vimos al salir de Honduras. Ella se dedicaba a la estafada, pues ella emborrachaba a los hombres. Se los llevaba al hotel y les decía que era menor de edad. De hecho lo era. Ella tenía 16 años y yo 17. Lo que ella hacía era decirles “si no me das dinero pues te acusaré con la policía de que me querías obligar y pagar por tener relaciones sexuales ya que soy una menor de edad”. Pedía una cierta cantidad dependiendo el cliente, pero era arriba de los mil pesos. También era la que nos checaba a qué hotel íbamos, con qué cliente nos íbamos y sólo hacia eso, aunque también sufrió el abuso sexual de algunos clientes que se podrían decir que eran los que uno no les podía decir que no.

RM: ¿Cómo llegaste a este refugio?

L: Todo fue porque mi amiga no había avisado nada y su familia comenzó a buscarla. Mi mamá pues ella pensaba que yo estaba muerta, porque nunca me comuniqué con ella. Comenzaron a buscarla porque ella no dio conocimiento a nadie de que se venía conmigo. En un operativo que hubo fue donde se dieron cuenta de que mi amiga estaba desaparecida y su foto estaba en varias procuradurías del Distrito Federal. Cuando la reconocen, ella marca a su casa y dice que yo estaba con ella. Nuestros papás pues no pueden venir para acá por las condiciones de economía, pero sabían que estábamos a salvo.

Yo llego a este refugio después del operativo pues nos separan a las niñas y llegan por mí, diciéndome que en lo que se solucionaba toda mi situación pues podría seguir mi vida en un refugio. Mi amiga y yo estamos juntas ahora en este lugar desde hace 1 año. (Aquí) ambas tomamos clases, comemos, cenamos, desayunamos, tenemos la oportunidad de aprender a leer y escribir. Bueno, en mi caso yo no sabía bien. La ignorancia, ya sabe. Pero ahora pues ya estoy estudiando la preparatoria abierta. Aquí vienen y me dan clases. Ya sé leer y escribir mejor. Mi salud es mejor, ya que llegué en una situación de muchas enfermedades, las cuales aquí me trataron.

Ahora pues vivimos de donaciones como la ropa que nos dan. Tengo la oportunidad de saber de mi familia 1 vez a la semana. Hace unos meses que los vi. También convivo con varias muchachas que han pasado por algo similar. Unas peores, unas más peores, pero todas son tristes. Aquí salimos adelante y pues ya espero pronto poder regresar a mi hogar del que nunca tuve que salir. Ahora las cosas las puedo contar porque mi terapeuta ha estado conmigo y todos los que han ayudado a que esté superando este proceso. Ya tengo muchos sueños y ganas de comerme la vida.

RM: ¿Cuáles son esos grandes sueños?

L: No pues yo ya quiero terminar la prepa y así estudiar la universidad. Quiero ser abogada para defender a cada mujer que ha sufrido esta vida. Defenderla y pues irme con mi familia. A pesar de que ellos saben que estoy bien, ya quiero regresarme. Quiero ayudar y sacar del asqueroso hoyo de la prostitución a las pobres mujeres que somos engañadas. También quiero tener hijos y casarme. Antes odiaba a los hombres, ahora tengo mucha vida por delante y quiero explotarla. Sé que también existen hombres buenos y pues sí creo que el amor llegue algún día. No tengo prisa, pero no sé… Tengo muchos sueños y sé que podré salir adelante.

Éste es el testimonio de Luisa. Cada persona tiene una historia que contar, pero ella lo hace desde la libertad de ya no ser explotada sexualmente. Hay muchas que no la pueden contar aún y siguen atadas en la mafia de la prostitución.

Rocío Martínez es pasante de la Licenciatura de Promoción de la Salud en la UACM. Colabora en distintas áreas de ASILEGAL (entre ellas Redacción y Juventud). Amante y defensora de los Derechos Humanos. Combate las detenciones arbitrarias y exige la atención y la asistencia a la Salud para personas privadas de la libertad y pueblos indígenas. Enemiga de toda aquella injusticia que se quiera disfrazar de justa.
Rocío Martínez es pasante de la Licenciatura de Promoción de la Salud en la UACM. Colabora en distintas áreas de ASILEGAL (entre ellas Redacción y Juventud). Amante y defensora de los Derechos Humanos. Combate las detenciones arbitrarias y exige la atención y la asistencia a la Salud para personas privadas de la libertad y pueblos indígenas. Enemiga de toda aquella injusticia que se quiera disfrazar de justa.
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Acerca de asilegal

Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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