Pensando la injusticia: ¿Por qué cualquier tipo de discriminacion es totalmente reprobable?

Por Luis Fernando Vélez

(Redacción de ASILEGAL)

(i) Fundamentación

El tema que voy a tratar hoy no admite rodeos. No necesitamos saber con exactitud cuántos casos de discriminación hacia las personas indígenas existen para saber que uno solo es ya moralmente deplorable. Parecería que hoy en día, en un mundo multicultural en el que vivimos, no hay espacio para pensar en valores generales que apliquen para todos y todas. Se dice que cada cultura tiene sistemas de creencias tan diferentes, que es posible que algunos de ellos sean totalmente incompatibles con otros, por lo que no puede haber una convivencia pacífica entre ellos. Aunque esto es posible, no resulta ser real. Esto por la sencilla razón de que hay leyes que aseguran la convivencia armónica entre personas dentro de un grupo social. La convivencia social armónica es necesaria para la estabilidad y el desarrollo de cualquier comunidad. Evidentemente, esta estabilidad se mide con grados: es suficiente contar con un grado mínimo de armonía social para que la sociedad permanezca estable; aunque, a mayor armonía, mayor estabilidad.

Es importante aclarar que no todas las acciones que parecen ir encaminadas a generar armonía social son realmente opciones que inciden de manera positiva dentro de la dinámica del grupo. Éste, a mi parecer, ha sido uno de los errores más frecuentemente cometidos por parte de los grupos no-simpatizantes con este razonamiento: por un lado, están aquellos que consideran que el discurso de la armonía social es utópico, puesto que al parecer las acciones que se dicen a favor de la armonía resultan muchas veces tener fines ocultos. Estos fines son tales que fomentan y remarcan la marginación y la vulneración de las personas. Al respecto, nosotros podemos decir que, en efecto, existen distintas acciones que llevan de trasfondo un mecanismo opresor. Sin embargo, no todos son así, y hay que saber distinguir éstas de aquellas que sí fomentan una verdadera armonía.

Por otro lado, tenemos a quienes están a favor de este discurso “pro-armonía social”, pero que lo hacen por los motivos más deplorables: ellos no creen en la verdadera armonía social, se conforman con la apariencia de una armonía. Son ellos mismos los que fomentan acciones que en el fondo son opresoras. Es necesario identificar y frenar a este tipo de personas, puesto que ellas son las que frenan el verdadero progreso social. Una vez expuesto este argumento, es necesario llenarlo de contenido concreto, de tal modo que no sólo sea más claro, sino que también se logre identificar por dónde va el argumento en contra de la reprobabilidad moral de toda discriminación. Algunos ejemplos de mecanismos que nos ayudan a preservar la estabilidad social pueden ser conjuntados en la moral, algunos otros en el decoro y otros más en el derecho. Hablemos hoy de los mecanismos conjuntados en lo que denominamos moral, puesto que cuando decimos que la discriminación es algo verdaderamente reprobable estamos haciendo un juicio moral. Además, si el derecho, que crea leyes coercitivas y un aparato que las aplica (el Estado), es un mecanismo que efectivamente fomenta la estabilidad social, puede justificar sus leyes en razones morales que tengan como fin hacer lo mismo.

Parece peligroso hablar de razones morales en un mundo tan pluricultural. Esto debido a que cada cultura tiene sus propias reglas y códigos morales, algunas de ellas incompatibles entre sí. Pero aquí no hablamos de las reglas ni de los códigos, sino de los valores morales, aquellos que justifican los códigos. Puede haber distintas reglas que se justifiquen en un mismo valor moral, pues este solo enuncia condiciones de justicia, no hechos justos. Sin embargo, aún nos queda el argumento que nos dice que puede haber incluso valores morales distintos e incompatibles. En tal caso, nuestra distinción no habría servido para nada.

Foto: Asilegal
Foto: Asilegal

Pero a este contra-argumento respondemos que hay algunos valores morales que fomentan más la estabilidad social que otros. Y esto no es relativo a las múltiples culturas, sino a los hechos. ¿Cuáles son estos? Nuestra respuesta es la siguiente: Hay que hacer que la gente encuentre su espacio, su identidad y aquello con lo que se sienta a gusto, siempre que, en la medida de lo posible (y por ello esta regla no la dicto en términos absolutos, sino que es relativa a cada caso singular y concreto) no afecte a otras personas. El valor más importante desde este punto de vista sería el respeto para todas las personas. Respeto por lo que son ellos mismos, por lo que les gusta y en donde se sientan bien. Sólo ellos tienen la prerrogativa de pedir ayuda cuando dan señal de ello. Para evitar contra argumentos, decimos que no necesariamente la persona tiene que explícitamente solicitar la ayuda, pero tiene que haber parámetros para saber cuándo sí y cuándo no. Esta tarea compete a la psicología.

De cualquier manera, recalcamos que, mientras las personas están a gusto con lo que son y no impidan a otros ejercer este mismo derecho, se debe respetar cualquier forma de ser. ¿Por qué decimos que este valor fomenta una mayor estabilidad? Porque en tanto que no haya respeto por las personas, en tanto que las personas sean vulneradas por su identidad, es imposible que una sociedad llegue a la estabilidad. Recordemos que toda sociedad está constituida por individuos que se relacionan entre sí, que conviven. Si no re respetan las identidades de las personas dentro de una sociedad, entonces las personas no están bien consigo mismas ni con los demás. Y si esto ocurre, no puede haber armonía en la sociedad y por ende, tampoco una buena estabilidad.

He ahí el argumento del por qué aquellas culturas que poseen una moral en la que fomenten el respeto por los demás son más estables. Pero la racionalidad no es en modo alguno algo que nos motive a actuar moralmente. Tan sólo nos enseña el camino mejor justificado de alguna acción moral. Tenemos que echar mano a otro tipo de elementos para que la moralidad surta efecto: los sentimientos. En particular, dos de los más primitivos: el del placer y el del dolor. Según Schopenhauer, podemos definir a partir de ello los conjuntos de las acciones morales como (1) egoístas, si uno actúa para conseguir su propio placer y evitar su dolor; (2) crueles, si uno actúa para conseguir intencionalmente el dolor del otro; y (3) caritativas, si uno actúa intencionalmente para conseguir el placer del otro y evitar su dolor. Lo que necesitamos es erradicar las acciones crueles, disminuir las egoístas y aumentar las caritativas. En esto consiste el progreso moral.

(ii) Afirmación

Una vez dicho lo anterior, concentremos estas últimas líneas en explicitar lo inevitable: Cualquier acto de discriminación hacia una persona es totalmente reprochable en sentido moral porque atenta contra el respeto que debe existir hacia todas las personas. Las personas discriminadas sufren, pues es vulnerado su derecho a ser como ella es: se trata de una manera negativa por el simple hecho de tener características particulares y que le son propias por ser parte de su identidad. Las únicas personas a las que debemos detener son aquellas que atentan contra este principio, o que actúan desde lo opuesto a él para cometer actos que vulneran a otras personas.

Ahora bien, las personas no son los únicos agentes morales. También tenemos a las instituciones públicas y privadas. Si bien en ambos casos es reprobable que se cometa cualquier tipo de discriminación, en el caso de las instituciones públicas el daño es incluso peor. Esto porque una persona está sujeta a su contexto cultural, a su carácter y a su historia de vida, con lo cual genera prejuicios que hacen que cometa en algunas ocasiones alguna discriminación. Esto no excusa el hecho, sigue siendo reprobable, pero se explica. En estos casos, lo mejor es informar a las personas y sensibilizarlas para una cultura de paz.

Pero en el caso de las instituciones, no existe nada de eso: las instituciones no son una conciencia, son un conjunto de leyes que operan hacia ciertos fines. Si las leyes discriminan, es debido a las personas que las redactaron, pero las leyes se aplican más allá de este individuo, por lo que causan un daño en proporciones estratosféricas. Las instituciones incluso podrían fomentar la discriminación, si ella está escrita en sus leyes. Esto nos causa horror y el más alto repudio. Si con las personas que discriminan hay que hacer algo, con las instituciones hay que hacerlo urgentemente. No es posible que una sociedad que se diga moralmente progresiva permita todavía cualquier tipo de discriminación, en especial por origen cultural, étnico o familiar, por orientación sexual, por género, por sexo, por condición social, económica, política o religiosa, o por discapacidad intelectual, sensorial, motriz o emocional. Por eso (y mucho más…) hay que trabajar por erradicar la discriminación.

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía
Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía

 

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Acerca de asilegal

Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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