Encrucijadas de la [in]justicia: Consideraciones sobre las confrontaciones entre sistemas de justicia indígenas y modernos

Por Luis Fernando Vélez

(Redacción de ASILEGAL)

Las comunidades indígenas tienen sus reglamentos internos, eso es válido[,] pero estos no deben ser motivos de confrontación; si dichas localidades no tuvieran esos reglamentos habría un desorden, pero nadie puede hacer justicia por su propia mano […] Los indígenas no deben tomar a los usos y las costumbres cuando les conviene y darle la espalda al gobierno y a las leyes, por ello se debe promover la igualdad, justicia y el respeto a los demás, los derechos humanos“.

Esta declaración se encuentra, al menos en versión electrónica, en el diario El Heraldo de Chiapas, con fecha del 31 de marzo de 2014. Nótese que las cursivas son mías. El motivo de ponerlas es simple: hoy me propongo hacer un análisis acerca de la justicia dentro de las comunidades indígenas. Más concretamente, me centraré en las frases subrayadas del texto para exponer una gran problemática en materia de justicia y multiculturalidad: Si existen dos sistemas de justicia incompatibles y necesariamente se ha de optar por alguno, ¿qué sistema de justicia debería ir primero? Llamemos a este problema el dilema de la jerarquía de sistemas. Aclaro que este análisis no se limita a las declaraciones del secretario Jorge Álvarez, sino que es posible extrapolarlo a casos similares, atendiendo a las semejanzas que existan entre sí.

Comencemos, como es costumbre, por un marco teórico acerca de los sistemas de justicia. Desde el punto de vista de la filosofía política y jurídica [Hobbes y su Leviathan nos sirven bastante bien como referencia], los sistemas de justicia tienen su justificación al menos dos fuentes:

  1. En la conservación del orden social
  2. La garantía de un mayor bienestar para los pueblos y sus integrantes dentro de la comunidad que fuera de ella.

Las teorías multiculturales de la nueva era defienden no sólo el hecho de que existen diferentes y muy diversos sistemas de justicia (como se puede constatar fácilmente), sino que además estos sistemas, al declararlos igualmente legítimos, deben de convivir juntos. Me interesa señalar el imperativo de esta tesis, ya que en un análisis modal sencillo nos damos cuenta de que para que algo sea una obligación (deber), tiene que ser posible. Lo que aquí cuestionamos es la posibilidad de que se dé tal posibilidad.

Esto por la sencilla razón de que, dentro de los sistemas de justicia que rigen actualmente nuestra sociedad en un país tan culturalmente basto como lo es México, existen dos clases de ellos que entran en contradicción por sus fundamentos filosóficos. Estas clases son las siguientes: aquellos sistemas que defienden los derechos humanos y aquellos otros sistemas que violan esos derechos al defender leyes que van explícitamente en contra de ellos.

Pensemos el porqué de esta incompatibilidad. En antropología existen diversas formas de agrupar los sistemas de justicia de acuerdo con las diferentes concepciones que tiene el ser humano sobre sí mismo y su entorno. En particular pensemos en la dicotomía arcaico-moderno. El sistema de justicia arcaico se basa en al menos dos postulados: (a) pone énfasis en la estabilidad de la comunidad y (b) se guían por leyes basadas en creencias religiosas, en virtud de que éstas son sagradas y divinas. El sistema de justicia moderno (recordando que el concepto de modernidad viene dado por una historiografía occidental europea) presenta dos postulados al parecer opuestos al sistema arcaico: (c) pone énfasis en la estabilidad de la persona en tanto singular y (d) se guía en leyes basadas en el bienestar de las diferentes concepciones humanas de bienestar.

Si partimos de esta pequeña caracterización nos encontramos con que la contradicción se da sólo si ocurre alguna de estas dos cosas: (3) las creencias religiosas del mundo arcaico violentan algunas de las concepciones humanas de bienestar (o viceversa), o bien (4) la estabilidad de la comunidad compromete la estabilidad de la persona en tanto singular (o al revés). Como vemos, los sistemas de justicia arcaicos y modernos pueden convivir si y sólo si no ocurren 3 y 4. Si al menos uno de los dos casos problemáticos se da, entonces nos veremos obligados a tomar en serio lo que antes denominamos el dilema de la jerarquía de sistemas. Y, como bien consta en la cita de al principio (y en infinidad de casos de la vida cotidiana de las poblaciones indígenas), es un hecho que ocurren estos casos. De esta forma, tenemos que pensar cómo poder responder a la pregunta.

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Fotografía: ASILEGAL

Es bastante aventurado dar una solución definitiva a un problema que merece una reflexión y argumentación preparada y bien informada. Sin embargo, he aquí algunas consideraciones que inclinan la balanza a pensar que el Gobierno debería optar por un sistema moderno: (i) un sistema moderno es sensible a las necesidades de las personas singulares, por lo que puede ser sensible a las necesidades de las comunidades persona por persona y (2) un sistema que no se basa en creencias religiosas de ningún tipo, por lo que es capaz de considerar todos los sistemas de creencias, siempre y cuando sean compatibles (considero que el nihilismo del estado es la solución al respeto de cada ideología).

Hay otra forma de dividir los grandes sistemas de justicia: la dicotomía dominación-cuidado. Por mucho tiempo se ha creído que los grandes sistemas de justicia tienen que ser necesariamente una dialéctica del amo y el esclavo. Nada más alejado de la realidad. Que nuestra realidad occidental haya seguido una tradición bélica y de control y manipulación de las personas para su abuso indiscriminado no significa que no haya habido culturas basadas en el respeto y el cuidado de los y las otras. El poder en los sistemas de cuidado se utiliza para ayudar a quien lo pida y requiera, no para someter. El poder se utiliza para comprender y vivir con la otredad, no para anularla.

Un sistema moderno que anula la posibilidad de otros sistemas de justicia simplemente porque no los entiende o no son “económica ni ideológicamente deseables” pierde toda simpatía. De nada sirve poder ver a la otredad si solo se quiere tomar ventaja de ella. Desde esta perspectiva, los sistemas arcaicos están mejor parados: al parecer los sistemas arcaicos están más unidos al prójimo, en tanto que el sentido de comunidad lo demanda. Sin embargo, , en ocasiones los sistemas de justicia excluyen a la disidencia y muchas veces no favorecen a todos por igual.

¿La solución? Optar por un sistema de justicia moderno del cuidado, no de la dominación. Uno que atienda a las necesidades de cada singular desde cada concepción de bienestar particular, siempre que sean compatibles. Respecto a las leyes intolerantes, vengan del sistema de justicia que vengan, me remitiré a mi anterior ensayo sobre la tolerancia.

Finalmente, termino respondiendo a los escépticos: para todos aquellos que no crean en la facticidad de una postura como la que propongo, les comento que los derechos humanos, en el más puro y estricto sentido, tienen el espíritu que yo propongo. Y los derechos humanos han ganado y continúan ganando batallas. Grandes o pequeñas, estas luchas nos acercan más a un mundo justo, para todas las personas. Y no importa en qué sistema de justicia de base cada quien, siempre que el gobierno incluya, de apertura y cree compatibilidades.

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía
Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía
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Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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