Encrucijadas de los Derechos Humanos: Consideraciones teóricas acerca del derecho a la libertad de pensamiento

Por Luis Fernando Vélez

(Redacción de ASILEGAL)

Dentro de la línea de los Derechos Humanos, podemos encontrar el derecho a tener libertad de pensamiento. Este derecho, si bien en forma descriptiva parece ser bastante concreto (cada persona tiene derecho a tener las creencias que desee), suele ser por principio imposible de exigir al cien por cien si nos ponemos a reflexionar rigurosamente sus implicaciones. Nos entramos con una de las grandes paradojas de los DDHH en cuanto a cuestión de justicia se refiere. Ya el filósofo francés Jacques Derrida comenta algo de ello en su texto «Fuerza de Ley: Sobre el fundamento místico de la autoridad». La gran paradoja que rescatamos de Derrida es la siguiente: Si bien las normas jurídicas (en este caso aplica perfectamente a los derechos humanos) pretenden ser generales, al tener que ser éstas aplicadas a personas individuales, con muchas de las características más diversas, la misma ley tiene que entrar en contradicción.

No es posible satisfacer el deseo de que todas las personas crean aquello que desean sin al mismo tiempo comprometer de alguna forma la integridad o dignidad otra persona. Ello se respalda con el siguiente caso posible: alguien cree que está bien dañar a quien tiene una forma de pensar diferente a la suya. Llamemos a este caso el dilema del intolerante. ¿Debemos respetarle al intolerante su intolerancia? Si lo hacemos, ello compromete los derechos de las personas que piensan diferente de los intolerantes. Si no lo hacemos, comprometemos los derechos de las/os intolerantes.

Hasta aquí pensamos sólo en un nivel teórico. Pero lo importante de esta reflexión teórica es que tiene claras repercusiones en nuestro día a día. Si analizamos un poco cuál es la relación entre forma de pensamiento y forma de ser, nos daremos cuenta que entre estos dos modos hay una estrecha relación. Nuestro sistema de creencias influye indudablemente en la forma en que nos percibimos a nosotras/os mismas/os y al mundo, y, por ende, en la forma en que actuamos.

Hay teorías que nos dicen que el ser humano actúa para su propio beneficio, pues en calidad de animal es generalmente propenso a buscar la supervivencia y la estabilidad de un régimen de vida agradable. Sin embargo, dado que el ser humano históricamente ha devenido en un ser que maneja su relación con la otredad (tanto humana como no-humana) de una manera egoísta y jerárquica, pronto se han desatado toda clase de conflictos. Estios tienen sus raíces en la intolerancia hacia lo demás-que-no-soy-yo. Lo cual crea el conflicto que planteamos arriba.

Aterricemos todo lo anterior en un caso concreto: Ser miembro de la comunidad sexo-genéricamente diversa implica ya un posicionamiento político. Porque un modo de ser determina una cierta manera de actuar en el mundo social. Y todo mundo social en el que nace una persona contiene ya ciertas normas impuestas que ubican a la persona dentro de un espacio definido acerca de lo que está permitido, lo que está prohibido y lo que es obligatorio.

Pero, aún dentro de la misma comunidad, existen diversas alternativas acerca de cómo interpretar nuestro lugar en el mapa social y, por ende, existe más de un posicionamiento político. Centrémonos en un ejemplo: el caso de ser un homosexual conservador o uno revolucionario. Evidentemente estas categorías, debido a su amplitud y vaguedad, no están bien delimitadas y funcionan como dos extremos entre los cuales hay toda una gama de posibilidades de modos de pensamiento. De cualquier forma operan a un nivel cotidiano y por ello es necesario prestarles atención.

Si bien existe un gran debate acerca de la heteronormatividad, lo cierto es que hay veces en que el discurso se centra en pensar que aquel o aquella que prefiere los estándares más tradicionales o conservadores (y que además es miembro de la comunidad sexo-genéricamente diversa) es una persona con poco criterio, reprimida o ignorante. Y no siempre es así. El problema de la heteronormatividad no tendría que ser el hecho de que una persona tenga cierta forma de ser, pensar o actuar. El problema real radica en que la auténtica heteronormatividad se manifiesta cuando se ejerce violencia explícita en contra de las personas, lo cual sucede cuando se está obligándolas consciente o inconscientemente a reprimirse y a dejar de ser lo que realmente quieren ser. El problema con la heteronormatividad es, entonces, un problema de ataque al derecho de pensar, ser y actuar de la manera en que cada quien juzgue convenientemente para sí misma/o.

Un miembro de la comunidad sexo-genéricamente diversa puede, y tiene el derecho de hacerlo, creer que ciertas posiciones reaccionarias o conservadoras van de acuerdo a su persona y optar por ellas. No por ello se le debe recriminar. Ser conservador o revolucionario, o tener cualquier otro tipo de forma de pensar, es enteramente lícito. Salvo una importante excepción que analizamos a continuación.

Lo que no está permitido, según los derechos humanos (y con ello es que podemos resolver pragmáticamente nuestro dilema del intolerante), es violentar la dignidad de otra persona, por lo que esta postura acerca del tema es que la tolerancia se gana. La tolerancia solamente es un derecho dependiente. Depende del valor supremo por el que apuestan los DDHH: la dignidad de la persona. El intolerante no se ha ganado su tolerancia, ya que su forma de pensar compromete la integridad, y por ende la dignidad, de otras personas. Claro que todas las personas son potencialmente candidatas para hacer valer sus derechos. Si lo que se pondera es el valor de la dignidad humana, nos encontramos con una serie de jerarquías a las que hay que obedecer. De lo contrario nuestro esquema parece ser diferente.

Si tomamos a la tolerancia como un valor jerárquicamente mayor al de la dignidad de la persona humana, toleramos al intolerante. Pero esto abre las puertas a lo que se conoce como estado de guerra en teoría política moderna. Esto por el simple hecho de que el ser humano tiene, en un primer momento, una tendencia egocéntrica. Con ello me refiero a que tiende a exaltar los valores de lo idéntico y lo semejante y así segregar en grupos diversos a las personas. Grupos que operaran de tal manera que unos tiendan a violentar a otros de alguna forma. Es por ello que nacen los derechos humanos, en un espíritu de superar el estadio egocéntrico de la humanidad, exaltando el valor de lo diferente y haciendo un mundo en el que sean cada vez más posibles las diferencias dentro de una paz armónica.

¿Es posible atender a estos cambios de tal manera que garanticemos la paz mediante el respeto a la diferencia? Una educación para la paz y en derechos humanos apuesta a que sí es posible. Quienes creemos en ella, también. Sin embargo, aún quedan diversas lagunas teóricas, como las que hemos esbozado brevemente, que atender.

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía.
Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía.
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Acerca de asilegal

Nuestra Visión Ser una organización responsable de su entorno social, contribuyendo a la erradicación de la problemática social que enfrentan los sectores más vulnerables de la sociedad como lo son las personas pertenecientes a los pueblos originarios, las personas de la tercera edad, niños y jóvenes personas de la comunidad LGBT, mujeres, discapacitados, etc. Nuestra Misión Para Asistencia Legal por los Derechos Humanos, los derechos que están reconocidos y otorgados para todas y todos, deben ser conocidos para ejercerlos y, en su caso, defenderlos; de tal forma que, esta organización concentra sus esfuerzos en brindar apoyo legal, informativo y educacional en el tema de los derechos humanos.

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