OCCIDENTE EN SIRIA: ALIADOS ¿DE QUÉ?

foto: "laproximaguerra.com"
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POR: ALEJANDRA SÁNCHEZ

(Redacción de ASILEGAL)

Siria está bajo el gobierno tiránico de Bashar Al-Assad, hijo y heredero de Hafez Al-Assad, quien asumiera el cargo de manera vitalicia por varias décadas.

Al menos es la información que se maneja oficialmente, incluido el término “tiránico”, pues es difícil llegar a saber si comenzó a emplearse en boca de un ciudadano sirio, de un opositor sirio, de un opositor extranjero  de la zona o de un paternal miembro permanente (tal vez occidental) del Consejo de Seguridad de la ONU, por ejemplo.

Es verdad, hay opositores in situ, mismos que han sido denominados “rebeldes” (la política suele convertir un “no estoy de acuerdo” en algo “al margen de la ley”). Los diversos grupos nacionales (puesto que no necesariamente son etnias y esa palabra podría ocultar su verdadera complejidad) que habitan el territorio sirio y comparten su modo de administración, han chocado entre sí más de una vez y de manera histórica, lo cual en sí mismo es un problema si además su gobierno, sea por su carácter impositivo -que podría estarle quitando legitimidad-, o por deficiencias en el cumplimiento de sus funciones, no ha logrado impulsar una progresiva unificación y cooperativismo al interior.

Por otra parte, los problemas de Siria con otros Estados de la región no son un secreto para la comunidad internacional. Sea cual fuere la razón de fondo, o sea una combinación de todas ellas y hasta algunas más que los medios no han ayudado a esclarecer, es un hecho que la ciudadanía sufre en medio de un combate de intereses.

Hace unas semanas ocurrió un ataque con armas químicas y pese a que se le permitió a la ONU ingresar para el inicio de sus investigaciones, no se ha podido determinar quiénes -si las fuerzas bajo el comando de Al-Assad o las fuerzas rebeldes- lanzaron dicha ofensiva que, al parecer, afectó tanto a uniformados como a civiles.

El presidente de Estados Unidos, Premio Nobel de la Paz (no olvidemos), comenzó solicitando la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para intervenir bélicamente en territorio sirio, perspectiva que no agradó ni a Irán ni a Siria, y que fue vetada por miembros del Consejo.

Obama no tomó muy bien esta negativa y advirtió que, aun sin el visto bueno de la ONU, intervendría. Sin embargo, su propio Congreso (es decir, el Congreso estadounidense) determinó que en un asunto de semejantes matices y que además se contraponía a Naciones Unidas, el mismísimo presidente debía consultarle antes de tomar acciones. Quizá fue un intento de mantener la fachada de normatividad y apego a las directrices políticas y jurídicas internacionales, pero nunca un procedimiento respetuoso de los consensos universales en esta materia ni un filtro verdaderamente riguroso, lo cual ya se ha demostrado tras su aprobación. Incluso ya Francia se ha “alineado” con el Premier estadounidense en esta empresa interventora.

En medio de todo, se conoce que Rusia tiene bases militares en la zona y una importante presencia desde tiempos de la Guerra Fría; se sabe que Estados Unidos se aferra con uñas y dientes a Medio Oriente y sus recursos, además de su posición geopolítica, y que nunca ha dudado en tomar cuanta excusa se le presenta para ejercer algún tipo de control, por decir lo menos.

Se tiene que los protectorados siguen sin extinguirse (quién sabe si se pretenda crear algunos nuevos), al igual que las colonias de las grandes potencias europeas, y que Israel (gran aliado de Estados Unidos) comparte frontera con la misma Siria, dueña de importantes oleoductos y yacimientos petrolíferos.

También queda memoria de otra ocasión en que se usaron armas químicas, pues los daños persisten al haber arraigado su contaminación a nivel genético y haberlo impregnado además en elementos permanentes del paisaje vietnamita.

¿Y qué dicen l@s ciudadan@s promedio en Siria? ¿Quieren que un gobierno extranjero derroque a Al-Assad? ¿Los estarían rescatando o sometiendo? ¿Y si nadie interviene, qué pasará? ¿Habrá más o menos muertes? ¿Se instaurará un gobierno más democrático o se continuará mezclando “oposición”  con “terrorismo”?

Por supuesto que no debería haber bajas y heridos, ni esa inseguridad continua. Y está claro que la defensa de los derechos humanos no puede ser indiferente ni depender de jurisdicciones, pero ¿sigue tratándose de personas cuando todo este escenario nos recuerda a la Guerra Fría?

Es tan fácil disponer, opinar, imponer, votar, incluso vetar o ignorar un veto (ambas por igual), cuando todo se ve “desde arriba” y no desde la caótica negrura de quien perdió a un pariente, o está internado en una clínica con secuelas de envenenamiento, o recuerda su patria desde una tierra extraña donde la vida que conocía se desvaneció.

¿Qué ha de hacerse en estos casos? ¿Cómo anteponer la seguridad humana por encima de la compleja política internacional?

El mundo y su historia están plagados de casos muy similares; por desgracia, no hay un referente de solución al cual apegarse, del que se sepa que los seres humanos y la protección y conservación de sus derechos hayan sido la prioridad.

Alejandra Sánchez: Internacionalista, existencialista y mutualista. Escritora de libre albedrío y fachada ortodoxa.
Alejandra Sánchez: Internacionalista, existencialista y mutualista. Escritora de libre albedrío y fachada ortodoxa.

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