MUERTE POLÍTICAMENTE CORRECTA

Cristo_Velato_Giuseppe Sanmartino
Foto: Cristo_Velato_Giuseppe Sanmartino

Por: Alejandra Sánchez

La muerte es una circunstancia que tod@s tenemos en común, pues en algún momento simplemente sucederá. Lo que cuesta predecir es cuáles serán sus causas o en qué momento puede llegar. Entonces, ¿podemos estar preparad@s?

Nota: se recomienda revisar el breviario de términos para una mejor comprensión sobre el tema.

 

Ley de Voluntad Anticipada (LVA):

Esta Ley es relativamente nueva en México y sólo existe en unas cuantas entidades federativas, siendo el Distrito Federal quien innovara en esta materia desde 2008[1]. En 2013, como medida  promocional, se implementó el “mes de la voluntad anticipada” (marzo), durante el cual la generación y firma de este documento ante notario es más barata que el resto del año.

Sin embargo, especialistas afirman que hasta la fecha son muy pocas las personas que han acudido a realizar este trámite, ya sea porque l@s mexican@s “no tenemos cultura de planeación” o porque “creemos que pensar en la muerte es llamarla”[2].

El artículo I de la Ley para el D.F. enuncia que “tiene por objeto establecer y regular las normas, requisitos y formas de realización de la voluntad de cualquier persona con capacidad de ejercicio, respecto a la negativa a someterse a medios, tratamientos y/o procedimientos médicos que pretendan prolongar de manera innecesaria su vida, protegiendo en todo momento la dignidad de la persona, cuando por razones médicas, fortuitas o de fuerza mayor, sea imposible mantener su vida de manera natural”, lo que habla de evitar “entubar” al paciente cuando ya no tiene remedio. Aunque en los artículos VI y XIII refiere a la suspensión de tratamientos curativos que no estén dando resultado[3] de modo que no se persista en la idea de curar lo que a todas luces parece incurable ─de lo contrario se caería en la obstinación terapéutica─.

Es innegable que un tema con asuntos de responsabilidad civil y penal implicados se torna espinoso y truculento, pese a que ─poco a poco─ cada vez más países se suman a la tendencia ético/tanatológica sobre la evitación del sufrimiento humano.

Pero la reticencia de los gobiernos de más de veinte entidades federativas hacia la formulación y puesta en práctica de su propia LVA, hace pensar que el miedo de ser políticamente incorrectos ante los medios, la Iglesia (aunque la Constitución sea “laica”) o sus votantes pesa más que la necesidad de discutir sobre una medida que bien pudiera ser en sí misma un derecho: la elección personal de parar de sufrir cuando no se puede hacer nada más. ¿Están los gobiernos dispuestos a apostar que nadie en su jurisdicción ansía este beneficio en medio de su agonía?

Por otra parte, las Leyes ya existentes deben incluir los casos de víctimas de accidentes o percances graves para los que se requerirían medidas semejantes.

Datos de interés:

*Como elementos disuasivos tenemos: en los párrafos citados de la LVA para el D.F. se puede apreciar la existencia de ambigüedades jurídicas que llenan de preocupación tanto al personal de salud que se enfrenta a la atención de estos casos, como a la persona que firma su voluntad y a su representante designado.

Por si esto fuera poco, basta con tomar en cuenta el factor económico para echar por tierra que la principal causa de impopularidad de la LVA sea la cultura del mexicano promedio: $1,200 pesos es el cobro durante el Mes de la Voluntad Anticipada, mientras que el salario mínimo en el D.F. está en $64.76 diarios ($1,942.80 al mes)[4]. Es obvio que alguien con un ingreso tan escaso no podría costearse el trámite sin privarse de comer.

*Solamente en Coahuila se han incluido algunos detalles acerca de las víctimas de accidentes.

Colofón:

Más que un modo políticamente correcto de manejar la enfermedad terminal o los accidentes fatales, conviene enfocarse en una existencia humanamente correcta. No se puede evitar el conflicto psico-emocional que emerge en much@s de nosotr@s al plantearnos la idea de “interferir” en el proceso de vida y muerte de una persona, pero conviene detenernos a evaluar todos los ángulos que pueda tener, de modo que la subjetividad no convierta el “derecho a vivir” en una “obligación de sufrir”.

Breviario de términos

Distanasia: tratamiento terapéutico desproporcionado e inútil que prolonga la agonía de enfermos desahuciados. Es mejor conocida como “obstinación terapéutica”.

Ortotanasia: muerte correcta. Este neologismo se ha empleado en la última década para referirse a la circunstancia en la que un enfermo terminal puede tener una muerte natural (preferentemente indolora), conservando su dignidad y evitando una prolongación innecesaria de la agonía.

Eutanasia: bien morir. En sentido estricto es una muerte “buena”, sin sufrimiento (muy similar a la ortotanasia); no obstante, se le ha empezado a dar una connotación más específica, de manera que se entiende como la acción u omisión que acelera la muerte a la vez que procura evitar el sufrimiento[5]. Algunas definiciones agregan incluso la acepción “con o sin el consentimiento o conocimiento del paciente”.

Suicidio Asistido: se le ha dado este nombre a un procedimiento que consiste en que la persona en etapa terminal manifieste ante la ley en forma libre y en pleno uso de sus facultades que desea inducirse la muerte. Esto lo realiza por lo regular con el acompañamiento de personal médico especializado, debiendo demostrarse que este no posee interés personal en la muerte del paciente. La sustancia (barbitúricos) en dosis letal, la tiene que suministrar directa y únicamente el enfermo.


[1] Las versiones de esta ley son bastante similares entre sí, variando sobre todo en cuestiones de donación de órganos.

[3] Nótese la diferencia entre tratamiento médico y tratamiento curativo, ya que el primero se refiere a cualquier medida o proceder del personal de salud (aplicación de sedantes, hidratación, higiene, etc.), mientras que el segundo es una terapia activa que tiene como finalidad eliminar la enfermedad (por ejemplo, la radioterapia).

[5] Anteriormente, se hablaba de dos categorías de la eutanasia: la activa y la pasiva. Hoy en día, la palabra se ha utilizado para referirse únicamente a la forma que implica una asistencia activa, sin rayar en el asesinato.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s