Es un crimen… ¿ser mujer?

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En una sociedad donde la mujer debe cuidar su imagen y justificar sus decisiones ante la misma, ante la religión y ante la ley, el aborto, la criminalización de la mujer y el feminicidio, van de la mano.

 

Para un legislador (en el D.F.), aborto es “la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez”. Para la medicina, el  aborto es “la interrupción del embarazo antes de que el producto sea viable”.

Las clasificaciones y acepciones que se le adjudican están sujetas no sólo a estos dos criterios, sino también a prejuicios y a elementos costumbristas tales como el honor y la abnegación, lo que, en consecuencia, crea una serie de contradicciones cuya principal víctima es la mujer encinta.

Es así que, si una mujer manifiesta la voluntad de interrumpir su embarazo, se le señala como asesina en potencia, mujer fría, madre desnaturalizada, promiscua y disoluta. Pero si da a conocer o conserva el producto de una relación “ilegítima”, extramarital o cualquier otra que vaya “en contra del honor”, es censurada y excluida de su círculo social y su culto religioso. Peor aún, si lleva a cabo la interrupción del embarazo, está sujeta muchas veces a realizarlo clandestinamente poniendo en riesgo su salud y su vida y se expone a ser privada de la libertad (independientemente de si existen motivos que la misma ley ha calificado como causales permitidas).

En cualquiera de estos casos, es raro (y casi nunca pasa) que en el proceso (social, médico y jurídico) se haga referencia a las responsabilidades e implicaciones del padre.

Yendo todavía más lejos, el aborto (con la culpabilidad puesta totalmente sobre la mujer) ha podido motivar el repudio y la violencia dirigida específicamente al género femenino:

“Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer…”

Estas terribles palabras fueron pronunciadas por Javier Martínez, arzobispo de Granada, ante la Reforma de la Ley del Aborto en España durante 2009, la cual comparó con el régimen de Hitler, pues en su opinión, los crímenes nazis no eran tan repugnantes[1].

Bajo esta lógica, no es de sorprender que los crímenes y criminales feminicidas se reproduzcan exponencial e impunemente. En México, por ejemplo (país que lamentablemente alberga en su territorio algunos de los casos de mayor frecuencia y brutalidad de secuestros, violaciones sexuales, torturas y asesinatos a mujeres) sigue aplicándose el criterio jurídico denominado “crímenes de honor”, que hace referencia a los casos en que la pena por agresión (por lo general terminada en homicidio) se reduce bajo la “atenuante” del elemento romántico-pasional de quien actúa por celos o por temor al escarnio social; más concretamente, si un esposo mata a su esposa porque ésta le fue infiel o bien, porque sospechó que lo fue, la ley es más indulgente en comparación con los casos de homicidio “común”.

En varias ocasiones, se asesina a la mujer embarazada, por creer que el producto fue concebido con otra pareja o inclusive cuando la misma pareja conoce su paternidad y pretende evitar obligaciones económicas y legales, entre otras causas subjetivas. Asimismo, muchas veces es la propia pareja quien insta u obliga a la mujer a abortar, llegando al extremo de inducirle el aborto por medios violentos.

Para entender mejor la terminología, así como la acción respectiva de la ley, a continuación se mencionan las clasificaciones elementales en torno al aborto:

a)    Tentativa de aborto: cuando la mujer hace o toma algo (u otro se lo da o hace) para provocarse un aborto pero éste no se produce.

b)    Aborto espontáneo: resulta de la interrupción de un embarazo sin que medie una maniobra abortiva.

c)    Aborto inducido: es el embarazo terminado deliberadamente con una intervención.

d)    Aborto terapéutico: se da cuando la continuación del embarazo puede amenazar la vida de la mujer o deteriorar gravemente su salud.

Según la intención de producir o no la conducta y según los motivos por el que se recurre a él, el aborto inducido puede a su vez identificarse como:

a)    Aborto imprudencial o culposo: el que se produce por accidente o sin la intención de provocar el aborto.

b)    Aborto sufrido y aborto sufrido con violencia: es sufrido cuando se realiza sin el consentimiento de la mujer y cuando además se realiza a través de  la violencia física o moral, se habla de aborto sufrido con violencia.

c)    Aborto procurado o consentido: el que se provoca la propia mujer o es realizado con el consentimiento de la mujer embarazada. Cuando los motivos para realizarlo no están permitidos por la legislación, se sanciona tanto a la mujer que consiente o solicita el aborto, como al personal que interviene en su inducción.

  1. I.              Aborto honoris causa: comprende los casos en que la mujer recurre al aborto cuando el nacimiento de un hijo ilegítimo es motivo de escarnio social.  Por ello, varias legislaciones en América Latina, si bien penalizan esta práctica, dan una pena menor a la mujer que recurre al aborto inducido para salvaguardar su buen nombre o el de su familia. 
  2. Aborto inducido por violación: responde a las situaciones en que la ley reconoce el  derecho de la mujer a abortar cuando el embarazo es resultado de una violación y es una de las causales mayormente permitidas en la región latinoamericana y del Caribe.

En el sexenio que está por comenzar se desatarán nuevamente las controversias que este tema propicia. Por lo pronto, la despenalización del aborto a nivel local logró sortear el alegato de que fue un acto inconstitucional, recurso utilizado por los opositores. La plataforma de Peña Nieto, por su parte, promete el respeto a los derechos sexuales y reproductivos y la promoción de una educación sexual que evite embarazos prematuros y no deseados.

En conclusión, aunque la interrupción del embarazo es discutible y el dilema ético es digno de valorarse, bajo ninguna circunstancia debe consentirse, explícita o implícitamente, las vejaciones a la mujer, ni perdonar por ésta u otras causas, la violación de sus derechos como seres humanos. Solamente teniendo una visión objetiva, informada, empática y multifacética se podrá llegar a una verdadera solución.

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