Más allá de la promoción de los Derechos Humanos

Por Luis Fernando Vélez

(Redacción de ASILEGAL)

Uno de los ejes básicos para la difusión de los Derechos Humanos (DDHH) es la formación de promotoras/es dentro de las comunidades en las que se pretende conseguir un avance. La educación en DDHH es de suma importancia para que la lucha por la dignidad de todas y todos sea cada vez más fuerte. Sin embargo, estas acciones no son suficientes por sí solas. Es necesario enmarcarlas en un contexto complejo y en un plan de desarrollo. Con hacer llegar la información no es suficiente. La cuestión de fondo que surge es: ¿cuál es la relación entre teoría y práctica de los derechos humanos?

Toda formación en Derechos Humanos es en mayor parte teórica: proviene de una serie de reflexiones filosóficas, antropológicas e histórico-sociales encaminadas al respeto por la dignidad humana y otra serie de valores que es necesario defender, según las asunciones básicas de quien desea cambiar un mundo. Una de las ventajas del teorizar es el que si uno conoce la causa de las cosas puede predecir casos análogos en el futuro, abstrayendo de cada experiencia una regla general aplicable a todos los casos similares. En Derechos Humanos es necesario defender una serie de valores humanos que se postulan para todas las personas. Aprender acerca de los DDHH es saber las causas por las que es necesario defenderlos y el cómo hacerlo.

El cómo hacerlo indica que hay diversas maneras de proceder y, sin embargo, existe al menos una mejor forma. Por todo ello, podemos pensar que lo mejor es teorizar acerca de los problemas: si no tenemos al menos una regla general que podamos utilizar para proceder en todos los casos, no sabremos con qué empezar para resolverlos. Esto no quiere decir que todos los casos sean idénticos y que existe una regla que aplique perfectamente para resolver todo problema. Lo único que quiero remarcar es que sí existen reglas generales que pueden encaminarnos a un cierto rango de posibilidades específicas, lo único que debemos hacer es encontrarlas.

Es muy difícil abstraer reglas generales de casos específicos, por más que nos esforcemos en hacerlo, por lo que fácilmente tenderemos a equivocarnos y muchas veces los resultados no serán como los planeamos. Lo que hay que hacer aquí es un ejercicio constante de autocrítica y saber reconoce cuándo nos hemos equivocado para que no vuelva a suceder en el futuro. Regresando al tema de los jóvenes indígenas promotoras/es de los DDHH de sus comunidades, podemos decir que sí es importante que aprendan a teorizar sobre los casos que pueden ayudar a defender sus derechos y los de su comunidad. Sin embargo, también hay desventajas del teorizar, sobre todo cuando se cree que es suficiente con ello para resolver todos los problemas que nos aquejan.

La principal desventaja de la teorización es de la que la humanidad ya se quejaba desde tiempos anteriores al marxismo: la mera contemplación de lo que ocurre no puede, ni podrá nunca, operar cambios en el mundo. Predecir lo que va a pasar no es suficiente para que los DDHH hagan su trabajo. Sobre todo porque es bien sabido que estos postulan un mundo bastante diferente al que es. En el mundo hay desigualdad, violencia y demás cosas que causan el sufrimiento humano. Los DDHH buscan no un mundo que ya es, sino uno diferente, en donde los valores que se predican sean los que imperen en la sociedad. Es por ello que no es suficiente la teorización, es necesaria también la praxis, la acción consciente que tenga como finalidad cambiar algo en el mundo. Un joven indígena que aprenda a ser promotor de los DDHH podrá tener conocimiento de las reglas generales, sin embargo no sería capaz de resolver situaciones particulares si no sabe cómo actuar según sus fines.

Por otro lado, es posible que muchas personas que sigan el argumento de la praxis (es decir, que crean que no es suficiente la teoría para resolver los problemas de los Derechos Humanos) se radicalicen tanto que quieran anular la teorización, afirmando que ésta está tan alejada de la práctica de los DDHH que no es necesaria, o que incluso es perjudicial. Podrán aludir, algunas veces, a que los teóricos en Derechos Humanos utilizan un lenguaje muy complejo y abstracto, tanto como para que pueda tener alguna relación con los fenómenos concretos. Estas personas pueden tener razones en algunos de estos puntos: muchas veces las teorías son tan inconexas que no tienen relación con la práctica y, además, su lenguaje es tan técnico que es difícil de descifrarlo y utilizarlo para la resolución de problemas concretos. Pero he aquí un par de objeciones:

  1. Es falso que con la mera praxis (sin teoría) sea posible enfrentar los problemas que amenazan a la perspectiva en Derecho Humanos. Por ejemplo, si el joven indígena quiere proteger las creencias de su comunidad de la ideología occidental moderna y no sabe en qué se distinguen ambas ni cómo es que ambas podrían convivir, sería difícil que lo pueda hacer satisfactoriamente. Sin la teoría de la multiculturalidad, el respecto a las creencias y las asunciones antropológicas de cada una de las dos ideologías, el joven está en desventaja, simplemente no tiene las herramientas para resolver un conflicto. Quizá pueda acertar por suerte y resolver alguna cuestión, pero es muy difícil que tenga la misma suerte en cada caso, principalmente en los que son demasiado complejos porque involucran demasiados factores.
  2. Las objeciones que se presentan a la teorización no son suficientes para determinar que ésta es negativa. Solo pueden decirnos qué tipo de teoría no son buenas opciones: una teoría que es tan abstracta que no es posible de entender ni mucho menos aplicar para los casos concretos que queremos resolver es simplemente una mala teoría. Hay dos opciones aquí. O reformulamos la teoría de tal modo que tenga conexión con la realidad, o la desechamos y buscamos otra teoría mejor. Cabe aclarar que para determinar si una teoría es o no demasiado abstracta es necesario buscar criterios más o menos seguros para hacerlo, pues puede que para algunos sean demasiado abstractas, pero no para todos. Una mala teoría no habla por todas las teorías, no podemos desechar la teorización por culpa de algunas malas teorías que operan hoy en día.

 

Fotografía: ASILEGAL

Fotografía: ASILEGAL

Por último, en lo que respecta al leguaje, también es verdad que algunas teorías ocupan un lenguaje muy técnico Sin embargo, hay que saber si esto es bien una virtud o una desventaja. Esto depende del para qué se ocupen las teorías. Hay al menos dos clases de ellas, las teorías especializadas (que ven los fenómenos desde una perspectiva compleja y amplia) y las teorías no especializadas (que explican los fenómenos de una manera simple y no tan exacta). Las primeras son de investigación científica, las segundas son para la convivencia y la resolución de conflictos particulares. Sin embargo, debe haber una conexión entre ambas clases de teorías y un especialista en ver tales conexiones teóricas. Las teorías científicas de los DDHH competen a los científicos sociales, como los juristas, sociólogos, antropólogos, etc.

Las teorías prácticas sirven para explicar fenómenos de una manera sencilla y comprensible para todos los individuos. Solo en las teorías científicas es necesario el lenguaje especializado, pues es más preciso y tiene una amplitud más amplia de los problemas. En las teorías no especializadas o prácticas, el lenguaje técnico no sólo no es requerido, sino que además es algo indeseable, pues constituye un obstáculo para que todos lo comprendan. Mucha gente podrá reclamar el por qué hay una distinción tajante entre las dos clases de teorías, y el por qué decimos que sólo el científico debe de aprender las teorías especializadas. Yo respondo diciendo: no todo el mundo debe de tener una visión científica del mundo. Tenerla no es un privilegio, es una responsabilidad.

La gente, a su vez, necesita una teoría no especializada, pues ésta (aunque es más incompleta e imprecisa) permite la armonización de lo aprendido con su entorno. El querer que todas las personas sean científicas no sólo es una idea imposible, sino que también es indeseable. Es necesaria la teorización científica y la práctica, pero no toda las personas deben de tener ambas. Hay que saber darle su lugar en el mudo a cada persona: a las/os teóricas/os de Derechos Humanos (científicos), a las/os promotores de Derechos Humanos y la las personas de la comunidad (que necesitan las teorías para una mejor convivencia, pero que no necesitan volverse científicos).

Es necesario formar personas en la promoción de los DDHH pero hay que ir más allá de la teoría. Hay que facilitar las herramientas para que éstas puedan resolver problemas prácticos. Para ello necesitan hacer puentes entre las teorías científicas de los DDHH y las teorías prácticas, que poseen un lenguaje más familiar y son más cercanas a sus contextos particulares. No vale la pena vivir una vida sin reflexionarla, pero sin que la dignidad de todas y todos no sea respetada, no sólo no vale la pena reflexionar, sino que no vale la pena vivir.

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía

Luis Fernando Vélez (Ferkussión) es un joven filósofo, gay y mexicano. Sus metas en la vida son amar, conocer, experimentar y defender aquello que cree justo. Considera la dignidad de toda persona el valor fundamental de todo su pensamiento. Fernando quiere un mundo en donde todos y todas podamos ser quienes somos sin que nadie obstaculice nuestros sueños, metas y deseos. Profesor del taller de Filosofía en el FARO Tláhuac de 2010 a 2013. Brigadista del programa del Injuve “Inclusión jóven”. Ha participado en distintos coloquios de filosofía en la FFyL de la UNAM con distintas ponencias sobre Filosofía mexicana, educación y metafilosofía.